El Postigo del aceite

Publicado en por el príncipe de las mareas

Siempre me ha gustado escribir. No importaba la temática, no era precisa ninguna técnica narrativa ni conocimientos de empresa o márquetin. Escribía en un papel, a veces con un lápiz al que ni me había molestado en sacarle punta. Lo hacía a cualquier hora, ya fuera la madrugada o la anochecida, la hora de la siesta o la hora de irse a dormir. Recuerdo que en alguna ocasión, tras haber pasado toda la noche velando por motivos laborales, antes de coger esa ansiada y merecida cama, me sentaba en el salón en silencio para no molestar a los durmientes y me ponía a describir algún pasaje que me hubiera acaecido. Al principio mis narraciones estaban teñidas de humor, de sarcasmo ante unas situaciones esperpénticas que jamás debieran haberse producido. Superada esa etapa, me dio por la novela. Ya no me bastaba el relato puntual de mis vivencias. Escribí la primera, mis ranas infantiles de recuerdos felices, de una niñez simpática y desprendida, tanto como mis pocos años y la vida que me procuraban mis padres me permitía. Mi lenguaje cambió con el tiempo, mi estilo se fue puliendo para desprenderse de orlas innecesarias y lastres difíciles de arrastrar por los que buscan la sencillez literaria. Así he llegado a mi penúltima criatura. Este Postigo del aceite que escribí en apenas dos meses, y tardé tres años en configurarle un final. Un Postigo que gesta un cuerpo al que aferrar ese espíritu, un postigo que no me gustaría ver abortado por no haber superado las expectativas del obstetra de guardia.

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post