¿Qué significa ser español?

Publicado en por el príncipe de las mareas

El mundo es ese lugar donde la gente se entretiene discutiendo sobre lo que desconoce. Ese reducto galáctico en el que nos ha tocado vivir, se ha troceado, dividido en parcelas para que cada comuna que las habita, sea susceptible de hermanarse con su entorno. Así, cada población se dota de unos instrumentos de coexistencia, se identifica con unos símbolos a los que atribuye unas señas identitarias propias, de las que alardea cuando sale fuera de ese contexto físico al que pertenece.
España, a pesar de ser la nación más antigua de Europa, aún no sabe que denominación de origen atribuirse, sigue en su búsqueda periódica, que no constante del lugar que debe ocupar en la historia. Es como si una mariposa no acabara de concretar en qué estadio de su vida se encuentra: huevo, larva o insecto. Tal vez la culpa, si se puede hablar de culpa en algo tan singular como pueda ser la propia identidad, la tenga la historia, esa amalgama de hechos que nos han removido en el crisol de los tiempos para darnos una forma indeterminada, inacabada. Hemos sido afrancesados cuando ha interesado a unos cuantos, hemos renegado del latín cuando el bárbaro se ha implantado en nuestras escuelas, hemos claudicado ante la religión importada. Hemos adorado fetiches foráneos, iconos malditos, imágenes de cartón piedra envueltas en celofán mentiroso.
Una nación que se precie, conoce los peldaños que ha subido para alcanzar su realidad presente, un pueblo serio no reniega de sus orígenes en espuria elocuencia. Si miramos a nuestro entorno, podemos contemplar como el resto de naciones, aúna ideologías, absorbe culturas, contemporiza con sus cuitas y se desarrollan en una armonía propia de personas consecuentes. Nosotros no, nosotros somos dignos descendientes de Caín. Si nos afrenta un enemigo común, rápidamente surgirán partidarios de aquel, se unirán en la propia y suicida constatación de una profunda carencia de valores patrios, en un resurgimiento de la sangre fenicia que nos legó el mercadeo de la propia esencia. Gibraltar es hoy una muestra de ello, pero también Cataluña, y si nos descuidamos, hasta nos afrentaremos a nosotros mismos en el festival de Eurovisión, donde si necesidad de divergencias internas no ganamos ni a la de tres.

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